Con los primeros movimientos, los performers dejan atrás su humanidad para convertirse en Tepeu y Gucumatz. Cada gesto es un paso más profundo hacia la divinidad, donde los límites entre el cuerpo y el mito se desdibujan.
Cada gesto es un paso más profundo hacia la divinidad, donde los límites entre el cuerpo y el mito se desdibujan.







En un susurro de arte y luz, capturamos la metamorfosis que eleva lo humano a lo divino. Tepeu y Gucumatz danzan en un viaje visual donde corporeidad y espiritualidad se entrelazan, invitándonos a reimaginar nuestra esencia y desdibujar las fronteras de lo sagrado.
8,9,10.




Tepeu se erige como el creador del orden, sus movimientos precisos y calculados, mientras Gucumatz, en su ondulación serpenteante, danza alrededor, trayendo el soplo de vida.



18,19.
Fotografías de cada cronistas visual
J.M. Tripp: 5,6,7, 8,9, 11,12,16,17. Segundo Carrete: 1 y 2.
M. Ruiz: 1,2,3,4,10.
Andrés Blanco: 14, 13,15. Primer carrete:1





